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Sergio Gabriel Benítez,“Son del Mundo
Editorial: Trascendernoa
Publicado: Setiembre 2007
Páginas: 80
El vehemente deseo de plasmar en una página los sentimientos que nos abrigan o acosan el alma, ya sea como versos o como prosas, es algo que nace de lo más profundo de nuestra existencia, llevándonos a ensayar la literatura en cualquier momento de la vida por la que transcurrimos, cada uno de los individuos que conformamos la raza humana.
No existe otro ser vivo capaz de expresar lo que siente de tantas maneras distintas como lo hace este milagro llamado hombre. Entre todas estas formas hay una que se destaca por la magia de su expresión, por hacer que el universo se tiña con otra luz a su influjo, por mirar la vida con otros ojos y vibrar con otras ondas: la poesía.
¿Quién no escribió alguna vez un poema contando sus penas, sus dolores, su amor, sus alegrías, sintiendo que era una forma de expresión que le llegaba a llenar el alma, a restañar sus heridas, a hacer más profundas sus emociones?
Y Sergio Gabriel sintió ese llamado y transitó por la senda de la creación, dando nueva forma a lo que veía, cubriendo con otra mirada lo que lo rodeaba y lo llamó SON DEL MUNDO.
Y encuentro un juego de palabras en este nombre: SON DEL MUNDO. ¿Se refiere el autor a los sonidos musicales del mundo, a los sones? ¿O talvez nos dice que pertenecen a este mundo nuestro, tan dolido y doliente?
Me agrada la intriga y puedo pensar estos versos de las dos maneras en que se me presentan: cual un alegre son al hablar de amor: Si me pudieras sentir.
Si como el aire, / me pudiera transportar.
Si como las aves en cambio de estación, / te pudiera traer.
Si como las lágrimas que corren, / lograra llegar hasta tu boca. / Si como la voz más bella,
acompañada en una melodía / que llega al alma,
me pudieras sentir.
Como la tristeza de un canto dolido en la noche, al decir lo que le punza del mundo: La Espera
Ella mi ruin condena. / El desafío a lo intolerable perturba mi calma./ Perpetua es la nostalgia,
que enmarañada en mis sentidos, / goza.
Aliéntame esperanza, / que mi vida se acaba.
Enséñame el camino, / aunque sea una ilusión. Móntame en ese espacio / para no rendirme.
Hay una oscuridad densa, profunda, en cada palabra que emite como un gemido.
Me gusta este libro, a pesar de todo ese dolor que transmite. Y me gusta porque intuyo la intensa sensibilidad de este joven escritor. Sensibilidad que se manifiesta en un doloroso SON DEL MUNDO.
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